Guiones de Toma de Decisiones Compartidas para Evaluar Riesgos y Efectos Secundarios

Guiones de Toma de Decisiones Compartidas para Evaluar Riesgos y Efectos Secundarios ene, 3 2026

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Imagina que tu médico te propone un medicamento para controlar tu presión arterial. Te dice que reduce el riesgo de infarto en un 20%. Pero también te avisa que puede causar mareos, cansancio extremo y, en algunos casos, una tos persistente. ¿Qué haces? Muchos pacientes se sienten abrumados en estos momentos. No es solo una cuestión de estadísticas. Es sobre cómo te sientes cada mañana, si podrás jugar con tus nietos, si podrás ir a trabajar sin sentirte como si llevaras un peso encima. Aquí es donde entra la toma de decisiones compartida: un modo de hablar entre tú y tu médico que no solo te informa, sino que te incluye.

¿Qué es realmente la toma de decisiones compartida?

No se trata de que tu médico te dé una lista de opciones y te diga: “Elige”. Tampoco es que tú le digas: “No quiero ningún efecto secundario, así que dime lo más seguro”. Es un proceso en el que ambos aportan. Tu médico trae la ciencia: qué tan probable es cada efecto secundario, qué tan efectivo es el tratamiento, qué pasa si no lo tomas. Tú traes tu vida: qué te importa más, qué no puedes tolerar, qué te asusta. Juntos, construyen una decisión que sea real para ti.

Esto no es algo nuevo. Desde 2012, la Agencia de Investigación y Calidad en Atención Sanitaria de EE.UU. (AHRQ) desarrolló el modelo SHARE, que guía a los profesionales en cinco pasos claros: buscar la oportunidad de incluirte, ayudarte a comparar opciones, entender lo que te importa, tomar la decisión juntos y revisarla después. Pero lo que lo hace poderoso son las frases específicas que se usan en cada paso. Por ejemplo: “Algunas personas se preocupan más por los mareos, otras por la fatiga. ¿Cuál de estos te afectaría más en tu día a día?”.

Por qué las palabras importan más de lo que crees

Decir que un efecto secundario es “raro” no te dice nada. ¿Qué significa raro? ¿1 de cada 100? ¿1 de cada 10? Un estudio de la Annals of Internal Medicine en 2019 demostró que cuando los médicos usan números concretos -“1 de cada 10 personas experimenta náuseas”-, los pacientes entienden el riesgo un 37% mejor. No digas “es poco común”. Di: “De cada 10 personas que toman esto, una tendrá náuseas. Nueve no las tendrán”.

Y no solo se trata de riesgos. También de carga. ¿Qué es la carga del tratamiento? Es todo lo que implica: tomar pastillas tres veces al día, acudir a controles cada mes, cambiar tu dieta, evitar ciertos alimentos, sentirte cansado todo el tiempo. Un estudio del Centro de Ciencias de la Decisión de Massachusetts General Hospital encontró que el 42% de los pacientes que se arrepienten de sus tratamientos lo hacen no por los efectos secundarios en sí, sino por cómo estos arruinan su rutina. Si tu trabajo requiere estar alerta, un medicamento que te deja somnoliento puede ser inaceptable, aunque reduzca el riesgo de accidente cerebrovascular. Eso no es un “problema del paciente”. Es una variable real en la ecuación.

¿Cómo se usa esto en la práctica?

En oncología, donde los tratamientos pueden ser agresivos, el modelo de los “tres diálogos” es muy usado. Primero: diálogo de opciones. Aquí, el médico explica claramente: “Tenemos tres opciones: A, B y C. A tiene más efectos secundarios pero actúa más rápido. B es más suave pero tarda más. C no es medicamento, pero requiere cambios en tu estilo de vida”. Segundo: diálogo de riesgos y beneficios. Aquí se usan números reales, no términos vagos. “El medicamento A causa pérdida de cabello en 8 de cada 10 personas. El B, en 2 de cada 10”. Tercero: diálogo de valores. “¿Qué es lo que más te importa? ¿Vivir más tiempo aunque pierdas el cabello? ¿O mantener tu apariencia aunque el tratamiento tarde más en funcionar?”.

En atención primaria, donde los medicamentos son para el largo plazo -como estatinas para el colesterol o anticoagulantes para prevenir coágulos-, la pregunta clave es: “¿Qué efecto secundario sería una línea que no cruzarías?”. Una encuesta de 2023 mostró que el 78% de los pacientes consideran esta pregunta la más útil. No se trata de “¿te importan los efectos secundarios?”. Se trata de: “¿Cuál de ellos te haría dejar el medicamento?”. Y luego, el médico ajusta la propuesta. Si tu respuesta es “no quiero mareos”, tal vez se elija un medicamento diferente, aunque sea un poco menos efectivo. Porque si no lo tomas, no sirve de nada.

Paciente con lista personal y médico mostrando gráficos simples de riesgos medicamentosos.

¿Qué pasa si el médico solo lee un guion?

Hay un peligro. Algunos médicos, al intentar usar estos guiones, los recitan como si fueran un script de teatro. Te miran a los ojos, pero no escuchan. Dicen: “¿Cuál es su mayor preocupación?”, y luego pasan al siguiente punto sin esperar tu respuesta. Eso no es toma de decisiones compartida. Es un ejercicio de cumplimiento. Un estudio en el Journal of Patient Experience en 2022 encontró que cuando esto ocurre, el 19% de los pacientes se sienten menos satisfechos que cuando no se usa ningún guion.

La clave está en la adaptación. El guion es una brújula, no una cadena. Si dices: “Lo que más me asusta es la fatiga”, y el médico responde: “Ah, sí, eso pasa en el 15% de los casos. ¿Has tenido fatiga antes? ¿Qué te hacía sentir mejor?”, entonces sí está funcionando. Es la empatía, no la fórmula, lo que hace la diferencia.

¿Y los gráficos, los cuadros, los colores?

Ver los riesgos ayuda. Un gráfico de barras coloreadas -rojo para alto riesgo, amarillo para moderado, verde para bajo- puede ser más claro que 10 frases. Scripps Health reporta que cuando se usan estos recursos visuales durante la consulta, la satisfacción del paciente sube un 41%. No se trata de hacerlo bonito. Se trata de hacerlo entendible. Si no entiendes el riesgo, no puedes decidir. Un gráfico simple con 100 personas, donde se marcan cuántas tendrán náuseas, cuántas mareos, cuántas nada, puede cambiar tu decisión.

¿Cuánto tiempo lleva esto?

Un estudio en Scripps Health en 2022 calculó que una consulta completa de toma de decisiones compartida para medicamentos con múltiples efectos secundarios dura unos 7,3 minutos más que una consulta normal. Suena mucho, ¿no? Pero esos minutos reducen en un 22% las visitas de seguimiento por efectos secundarios mal manejados. Si evitas que un paciente deje su medicamento por miedo o confusión, no solo ahorras dinero al sistema, sino que evitas complicaciones más graves.

Además, muchos hospitales ahora usan materiales preparatorios: videos de 5 minutos que explican los efectos secundarios antes de la consulta. Eso reduce el tiempo en la sala de consulta en 3,2 minutos. Es como estudiar antes del examen. Tú llegas con preguntas claras, y el médico no tiene que empezar desde cero.

Tres diálogos simbólicos conectan preocupaciones personales con una decisión compartida.

¿Esto se usa en España?

En España, la adopción aún es desigual. En oncología y en centros de referencia, ya se aplican modelos similares. En atención primaria, menos. Pero hay cambios. Desde 2023, el Sistema Nacional de Salud está empezando a incluir en sus protocolos la documentación de la toma de decisiones compartida, especialmente para medicamentos de alto riesgo, como anticoagulantes o medicamentos para la diabetes. El código CPT 96170-96171, que reembolsa al médico por estas consultas, no se aplica aquí, pero se están discutiendo modelos similares. Lo que sí se está extendiendo es el uso de herramientas digitales: aplicaciones que te permiten ver tus opciones, los riesgos y hasta grabar tus preocupaciones antes de la visita.

¿Qué puedes hacer tú?

No esperes a que tu médico lo proponga. Si estás por empezar un nuevo medicamento, prepárate. Antes de la cita, escribe: ¿Qué efecto secundario te asusta más? ¿Cuál te haría dejarlo? ¿Qué parte de tu vida no quieres que se altere? Lleva esa lista. Dile: “Quiero entender bien qué pasa si tomo esto. ¿Me puedes ayudar a comparar los riesgos?”.

Si tu médico no lo hace, no te sientas culpable. Pregúntale: “¿Hay algún guion o herramienta que use para explicar estos riesgos?”. Muchos médicos quieren hacerlo bien, pero no saben cómo empezar. Tú puedes ser quien lo inicie.

¿Y si no hay opción?

No siempre puedes elegir. En una emergencia, cuando necesitas un antibiótico de inmediato, no hay tiempo para discutir. Pero en la mayoría de las decisiones crónicas -hipertensión, colesterol, diabetes, depresión, artritis-, sí hay espacio. Y en esos casos, tu voz cuenta. No es un lujo. Es un derecho. Porque tú eres quien vive con los efectos secundarios. Tu médico solo los prescribe. Tú eres quien decide si vale la pena.

¿Qué es exactamente la toma de decisiones compartida?

Es un proceso en el que tú y tu médico trabajan juntos para elegir el mejor tratamiento, basándose en la evidencia médica y en lo que tú valoras. No es que el médico decida por ti, ni que tú elijas sin entender. Es una conversación estructurada donde se explican los riesgos, beneficios y cargas de cada opción, y se escoge la que mejor se adapta a tu vida.

¿Por qué es mejor que solo recibir información sobre los efectos secundarios?

Porque la información sola no cambia decisiones. Muchos pacientes entienden los riesgos, pero no saben cómo pesarlos con sus prioridades personales. La toma de decisiones compartida te ayuda a conectar esos números con tu vida real: ¿puedes tolerar cansancio si te ayuda a vivir más? ¿Vale la pena un efecto secundario si afecta tu trabajo o tu relación con tu familia? Es una forma de hacer que la medicina sea personal, no genérica.

¿Qué frases debo usar para empezar esta conversación con mi médico?

Puedes decir: “Quiero entender bien qué efectos secundarios podría tener este medicamento, y cuáles serían inaceptables para mí”. O: “¿Qué efecto secundario le hace a la mayoría de los pacientes dejar este tratamiento?”. También puedes preguntar: “¿Hay algún gráfico o herramienta que me pueda mostrar cómo de probable es cada efecto?” Estas preguntas abren la puerta a una conversación más profunda y útil.

¿Son útiles los gráficos y los colores para entender los riesgos?

Sí. Estudios muestran que cuando se usan gráficos visuales que muestran riesgos absolutos -por ejemplo, 15 de cada 100 personas tendrán náuseas-, los pacientes entienden mejor los riesgos que cuando solo se usan palabras como “común” o “raro”. Los colores ayudan a distinguir niveles de riesgo. Algunos centros usan tablas con 100 personitas coloreadas, donde cada una representa a una persona. Verlo así hace que el riesgo sea más real y menos abstracto.

¿Qué pasa si mi médico dice que no hay tiempo para esto?

Dile que entiendes que el tiempo es limitado, pero que una buena decisión ahora evita problemas más grandes después. Puedes proponer: “¿Podríamos hacerlo en dos partes? Primero, que me explique los riesgos clave, y luego, en una visita de seguimiento, hablamos de qué opción me conviene más?”. Muchos médicos aceptan esto. También puedes usar herramientas digitales que te preparan antes de la cita: videos, cuestionarios, o apps que te ayudan a organizar tus preguntas.

¿Este enfoque funciona para todos los medicamentos?

Funciona mejor para tratamientos crónicos donde hay varias opciones y efectos secundarios significativos: estatinas, anticoagulantes, medicamentos para la diabetes o la depresión. No es necesario en emergencias o cuando hay una única opción viable. Pero si tienes que tomar un medicamento durante meses o años, y hay alternativas, entonces sí: es esencial. La clave está en la duración y en la carga del tratamiento.

16 Comentarios

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    Ana Barić

    enero 5, 2026 AT 06:08

    Me encanta este enfoque. Mi abuela lleva 12 años con hipertensión y nunca nadie le preguntó qué le molesta más: los mareos o la fatiga. Solo le daba pastillas. Ahora que lo pienso, si hubieran usado esto, quizás no habría dejado el medicamento por sentirse como un zombie. Gracias por recordarnos que somos personas, no casos.

    Yo llevo una lista en el celular: 'Lo que no puedo tolerar: no dormir bien, no jugar con mis nietos, no caminar sin cansarme'. Lo muestro en cada cita. Y sí, mi médico se sorprende, pero luego me dice: 'Ah, por eso te cambiamos el fármaco'.

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    Isabel Garcia

    enero 5, 2026 AT 19:38

    Esto es pura pseudociencia con bonitos gráficos. La medicina no es una votación. Si el estudio clínico dice que el medicamento A reduce el riesgo de infarto en un 20%, eso es lo que importa. No 'qué te asusta más'. Eso es darle el control a quien no entiende estadísticas. ¿Y si el paciente elige lo 'más cómodo' y muere a los 6 meses por un trombo? ¿Quién responde? El médico. Y no, no me importa si 'se siente mal'. La ciencia no se negocia.

    El SHARE es una herramienta útil, pero no para reemplazar el juicio clínico. Es un complemento, no un reemplazo. Y si tu médico no te da opciones, es porque no hay opciones válidas. No es falta de empatía, es falta de evidencia.

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    Nahuel Gaitán

    enero 6, 2026 AT 07:13

    Me parece que el modelo SHARE es un buen intento, pero en la práctica se choca con la realidad del sistema. Aquí en Argentina, las consultas duran 8 minutos. ¿Cómo vas a hacer un diálogo de valores si el médico tiene 12 pacientes atrás? Es como pedirle a un bombero que haga meditación mientras apaga un incendio.

    Y lo de los gráficos con 100 personitas? Genial, pero si no tienes acceso a una tablet o impresora en la consulta, ¿qué haces? El problema no es la comunicación, es la infraestructura. El guion no sirve si no hay tiempo, ni recursos, ni formación real. Lo bonito no cura. Lo eficaz sí.

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    George Valentin

    enero 7, 2026 AT 11:55

    Esto es una manipulación disfrazada de empoderamiento. ¿Te das cuenta de lo que está pasando aquí? El médico ya no es el experto. Ahora es un facilitador de tus emociones. La medicina se ha convertido en una terapia de grupo donde lo que importa no es la salud, sino tu 'bienestar subjetivo'. ¿Y si tu 'valor' es no tomar pastillas porque 'no confías en Big Pharma'? ¿Se les da la razón? ¿Se les da un medicamento ineficaz porque 'te asusta el cansancio'? Esto no es medicina, es populismo sanitario.

    La ciencia no se adapta a tus miedos. Tú te adaptas a la ciencia. Si no puedes tolerar los efectos secundarios, no tomes el medicamento. Pero no le pidas al médico que lo cambie por uno peor solo porque tú 'no te sientes bien'. Eso no es autonomía, es capricho disfrazado de derecho.

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    Andrea Fonseca Zermeno

    enero 8, 2026 AT 12:00

    Yo tuve una experiencia así con mi mamá. Le pusieron un anticoagulante y no le explicaron nada. Solo le dieron un folleto. Se asustó, dejó de tomarlo, y tuvo un pequeño ACV. Después, en otra consulta, el médico le preguntó: '¿Qué te asusta más de esto?' Y ella dijo: 'Que me sangre la encía y no pueda cepillarme los dientes'. Y él le cambió el medicamento. No por ser más efectivo, sino porque ella lo podía tolerar.

    Esas cosas cambian vidas. No es 'emocional'. Es humano. Y si el médico no lo hace, no es por mala voluntad. A veces no sabe cómo. Nosotros también tenemos que aprender a pedirlo.

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    Gonzalo Andrews

    enero 9, 2026 AT 03:04

    Lo que aquí se discute no es solo medicina. Es la esencia de la relación humana en la salud. ¿Qué es un cuerpo si no es la suma de sus miedos, sus rutinas, sus sueños rotos por una tos persistente? La ciencia nos da las probabilidades, pero la vida nos da los pesos.

    El médico no es un algoritmo. Es un guía. Y tú no eres un paciente. Eres un coautor de tu propia historia. Si no te permiten escribirla, entonces la medicina ya perdió su alma. No es un 'guion'. Es un pacto. Y los pactos se firman con palabras, no con fórmulas.

    Si tu médico te mira como si fueras un problema a resolver, no es él quien está equivocado. Es el sistema que lo convirtió en un robot. Tú puedes cambiarlo. Con una pregunta. Con una palabra. Con tu voz.

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    Sergi Capdevila

    enero 9, 2026 AT 05:41

    Todo esto es una farsa. ¿Quién creó el modelo SHARE? Una agencia estadounidense. ¿Quién paga por eso? Las farmacéuticas. ¿Y qué pasa cuando el medicamento que te recomiendan es el que ellos venden? La 'toma de decisiones compartida' es un marketing disfrazado de ética. Te hacen creer que eliges, pero en realidad te están guiando hacia el fármaco más caro, más comercializado, más rentable.

    ¿Por qué no te dicen que el medicamento 'B' es el más barato pero el menos publicitado? Porque no les conviene. La 'empatía' es el nuevo placebo. Y tú, inocente, crees que te están escuchando. En realidad, te están vendiendo una ilusión de control.

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    Iván Trigos

    enero 9, 2026 AT 10:44

    En México, esto está empezando a implementarse en centros de salud públicos de alta complejidad, pero aún es raro. Lo que más me impactó fue ver cómo un paciente con diabetes, tras ver un gráfico de 100 personas con efectos secundarios, eligió un medicamento con menos hipoglucemias aunque fuera menos efectivo en A1c. Porque su trabajo era conducir camiones. No podía arriesgarse a perder el control.

    La clave no es el guion, es la escucha activa. Si el médico mira el reloj mientras tú hablas, no importa cuántos gráficos tenga. La tecnología ayuda, pero la humanidad es lo que cura. Yo llevo siempre una copia impresa del gráfico de riesgos a mis consultas. Y les digo: 'Mire, esto es lo que quiero entender'. Y eso abre puertas.

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    Vanessa Ospina

    enero 10, 2026 AT 14:51

    Yo soy enfermera en un centro de salud en Colombia, y esto lo aplicamos desde hace dos años. No es fácil. Algunos pacientes lloran cuando les dices: 'Este medicamento te puede dejar cansada todo el día'. Pero también hay quienes se sienten libres por fin. No es un 'lujo'. Es un derecho básico.

    Lo que más me ha enseñado es que no todos quieren saber todo. Algunos prefieren que el médico decida. Y eso está bien. Lo importante es preguntar: '¿Quieres que te explique todo o prefieres que yo decida por ti?'. Y respetar la respuesta. Eso es lo que falta: elección real, no imposición disfrazada de opción.

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    Alexandra Mendez

    enero 11, 2026 AT 14:19

    ¡Esto es el colmo del elitismo médico! ¿Sabes qué pasa cuando le dices a una persona de bajos recursos que 'elige'? Que se siente culpable por no poder 'elegir bien'. ¿Qué pasa si no tiene dinero para cambiar de medicamento? ¿O no puede tomar el más caro porque no tiene seguro? ¿Y si no sabe leer los gráficos? ¿O no tiene acceso a internet para ver los videos?

    Este 'empoderamiento' es solo para los que ya tienen ventaja. Para los demás, es una carga más. La medicina no es un menú de restaurante. Es un derecho. Y si no te lo dan, no es tu culpa. Es del sistema. Y el sistema es corrupto.

    ¿Por qué no se habla de que los medicamentos son caros? ¿Por qué no se habla de que los médicos están sobrecargados? Porque es más cómodo culpar al paciente por no 'participar'. ¡Qué hipocresía!

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    Amaia Davila Romero

    enero 11, 2026 AT 21:03

    ¿Alguien más se ha dado cuenta de que esto es una estrategia para que los pacientes asuman la responsabilidad de los efectos secundarios? ¿Qué pasa si te pones mal y dices: 'Me lo dijeron'? ¿El médico no responde? ¿El laboratorio no responde? ¿Quién paga? Tú. ¿Y si te mueres? ¿Quién se hace responsable? Tú, por haber 'elegido'.

    Yo vi un video donde un médico decía: 'Es tu decisión'. Y luego, en la factura, aparecía: 'Consulta de toma de decisiones compartida - cobro adicional'. ¡Eso no es ética! Es un truco para cobrar más. No confíen. La medicina no es un juego de rol. Es vida o muerte. Y no deberían dejarte decidir sola.

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    Andrea Coba

    enero 13, 2026 AT 05:51

    yo no se si esto funciona pero me encanta que por fin se hable de esto. mi tia se murio por no tomar un medicamento porque no entendia los riesgos y nadie le explico bien. ahora yo siempre llevo una hojita con mis miedos a la cita. no soy perfecta, pero intento. a veces me equivoco, pero al menos intento. gracias por esto, me hace sentir menos sola.

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    Luis Hinojosa

    enero 15, 2026 AT 00:03

    En mi experiencia como paciente crónico, lo que más me ha ayudado no ha sido el guion ni los gráficos, sino la consistencia. El mismo médico, la misma conversación, año tras año. Cuando alguien te conoce, sabe que no quieres mareos porque te caíste en la ducha hace dos años, y que no puedes tomar pastillas por la mañana porque trabajas en turnos rotativos. Eso no se enseña en un manual. Se construye con el tiempo.

    El modelo SHARE es útil, pero solo si el sistema permite la continuidad. En España, cambias de médico cada dos años. ¿Cómo vas a construir una decisión compartida si cada vez tienes que empezar de cero? No es la técnica. Es la relación. Eso es lo que falta.

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    diana jahr

    enero 15, 2026 AT 04:39

    este post me lloro la vida jaja. mi papa tiene diabetes y el medico nunca le pregunto si le molestaba el cansancio o si se le olvidaba tomar la pastilla. solo le daba recetas. ahora que lo pienso, si hubiera usado esto, tal vez no lo habria perdido. yo le hice una lista con colores y se la di. el medico se sorprendio y lo uso en la consulta. fue la primera vez que lo vi sonreir. no es magia. es solo que alguien lo escucho. gracias por escribir esto. por favor, compartanlo. no es solo para ricos.

    pd: perdon por los errores, no soy escritora, solo una hija que quiere que su papa viva

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    José Luis Alonso Gallardo

    enero 16, 2026 AT 22:06

    Yo soy de Madrid y trabajo en una farmacia. Veo a diario a personas que dejan sus medicamentos porque no entienden los riesgos. Uno me dijo: 'Me dijeron que era raro que me diera náuseas, pero me dio cada día. Pensé que era normal'.

    Los gráficos con las 100 personitas funcionan. Los he usado con pacientes mayores. Les digo: 'Mira, aquí estás tú. Aquí están los que se ponen mal. Aquí los que no'. Y de pronto, entienden. No es complicado. Solo hay que parar, mirar, y hablar como personas.

    Y sí, los médicos están cansados. Pero si tú les dices: 'Quiero entender esto bien, ¿me puedes ayudar?', ellos responden. Porque también quieren hacerlo bien. Solo necesitan que alguien les pida que lo hagan.

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    Ana Barić

    enero 17, 2026 AT 07:40

    Me encanta que alguien lo haya mencionado. Mi médico me dijo que si no me sentía bien, lo cambiábamos. No por ser 'más efectivo', sino porque me escuchó. Ahora tomo un medicamento que no me hace sentir como un zombie, y aunque el control de la presión es un poco peor, no me he caído en la ducha en 3 años. Eso vale más que un número en un informe.

    La medicina no es un juego de números. Es un juego de vida. Y tú eres el jugador principal.

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